Este inglés, aunque geográficamente casi escocés, llegaba como sustituto de última hora de un nuevo concierto suspendido de esta gafada edición de Musiketan; y es que con éste ya son tres los conciertos que han debido ser modificados por diversos motivos. Si sumamos a esto que la afluencia de público no era ni de lejos la mejor de la temporada, todo parecía indicar que nos encontrábamos ante una velada un tanto fría.
Martin, sin embargo, no se dejó contagiar por todo esto y desde el primer momento hizo que el público se implicase de lleno en su espectáculo. Arrancó con un tema rápido, demostrando ya desde el principio su maestría en la guitarra, para seguir después con otro lento, haciendo gala de un estilo claro y cristalino. Su versatilidad de registros nos llevó desde los sonidos folk o blue grass al jazz, visitando incluso la bossa nova en uno de sus temas. Aunque lo que fue definitivo para que el público se implicase de lleno fue la cercanía de Martin durante toda la noche, dirigiendo continuos guiños y bromas al público, intentando hacernos traducir a euskera una de sus canciones sobre la marcha o haciendo que encendiesen las luces de la sala para vernos las caras. Caras que sin duda siguieron siendo sonrientes bastante tiempo después de la hora y media escasa que duró la actuación.
Desde la vieja Inglaterra nos llegó esta cantautora de corte folk sin más acompañamiento para su voz que el de su propia guitarra. En sus discos: “Shire Boy” (2001) y “Fretless” (2003), podemos escuchar además violín, piano y multitud de otros instrumentos que sin duda elevarían su directo; lo que no quiere decir en absoluto que Emily Slade no se baste por si misma para ofrecernos un gran concierto.
A su incuestionable calidad como guitarrista debemos añadir su bonita e inconfundible voz y la composición de gran parte de los temas que interpreta. Sin embargo, como la propia Emily nos contó, en la época en que actuaba en pubs la gente se quedaba más, como suele suceder en estos casos, con sus versiones de temas conocidos. Dicho lo cual nos ofreció de forma encadenada versiones de “True Colors” y “I Don’t Like Mondays”.
Ya casi al final de la noche escuchamos “More Hills to Climb”, la canción más solicitada en sus actuaciones según Emily; tema compuesto por Keith Pearson, quien precisamente toca el banjo en la versión del disco.
Uno no sabía muy bien a que atenerse cuando vio aparecer el nombre de Ara Malikian en el cartel de Musiketan. Ara es sin duda una figura de reconocido prestigio dentro de la música clásica, pero el que escribe desconocía los trabajos del mismo fuera de ahí, y la música clásica sería toda una novedad dentro de Musiketan.
Así, entre expectantes por no saber muy bien por qué derroteros musicales transcurriría la velada y confiados por el gran nombre que avalaba el concierto acudimos al Palacio Euskalduna. Allí encontramos tres sillas sobre el escenario, por lo que supimos que Ara Malikian no estaría solo. Junto a él, salió al escenario José Luis Montón con una guitarra española en sus manos. Las primeras notas, tanto de la guitarra como del violín, disiparon ya muchas dudas y mostraron claramente los rumbos flamencos que tomaría la velada. Ara Malikian demostró que todo el virtuosismo que atesora no está reñido para nada con la emoción y pasión. José Luis, por su parte, a pesar de hacer referencia a su apellido para catalogarse como músico en un alarde de humildad, no le fue a la zaga ni en el aspecto técnico ni en el emocional. Más tarde supe que ambos han grabado juntos el disco “Manantial” y que uno nuevo “De la Felicidad” está ya en camino.
A pesar de todo lo vivido, aún le quedaba otra muy grata sorpresa a la noche, aún quedaba una silla por completar. Salió de negro austero y se arrancó, ni más ni menos, con el fado “Estranha Forma de Vida” de la mítica Amalía Rodrigues, y siguió después por los caminos flamencos por los que discurría el concierto. Esta preciosa voz no venía de Andalucía, tampoco de Portugal, venía de aquí al lado, de San Sebastián, y se llama María Berasarte.
Peculiar dúo el formado por estos dos guitarristas y cantantes escoceses. Peculiar porque el dúo lo formaban únicamente en el cartel del concierto, sobre el escenario alternaban protagonismo de canción a canción y solo tocaron juntos en el bis que puso punto y final a la noche. La velada transcurrió muy tranquila entre las baladas más folk compuestas por Alasdair y las demostraciones de virtuosismo de un James que, al contrario que Alasdair, se volcaba más en su faceta de guitarrista.